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Per què cada cop hi ha més alumnes que tenen dificultats en mantenir l’atenció, en acabar les tasques…? Estan prou motivats els nostres alumnes? Tenen més tecnologia al seu abast de la que hi hagi hagut mai a les escoles, però així i tot, sembla ser que els resultats no són els esperats, i els nostres alumnes continuen “avorrint-se” a les aules.
De qui o de què n’és culpa? Si és que hi ha algun culpable. De les famílies? Dels mestres? Del sistema educatiu, continuament canviant? De la societat, més canviat encara?
A La Vanguàrdia de dissabte sortia publicat aquest article, Escolares sin motivación, del qual en reprodueixo alguns fragments:
“La desmotivación de los alumnos, su falta de interés por aprender, es objeto continuo de debate y reproches entre la comunidad educativa. Para algunos progenitores, la falta de motivación de los estudiantes es culpa de la escuela, que no se ha adaptado a los cambios sociales, y de los profesores, que se han quedado obsoletos, están deprimidos o estresados y no tienen autoridad. Para algunos profesores, los responsables son los padres porque no inculcan cultura del esfuerzo a sus vástagos y estos rechazan cualquier actividad que no les divierta o que exija esfuerzo.”
“La escuela tiene que reinventarse, pensar para qué sirve, y una de las respuestas ha de ser para que al alumno le guste aprender; porque se ha pasado de una escuela en la que el profesor era un sabio y lo que decía iba a misa, a una escuela al servicio de la sociedad, donde todo el mundo es experto en educación, y por eso muchos niños piensan que no vale la pena ir a la escuela”, señala. El primer reto, en su opinión, es conseguir que la escuela seduzca, interese y provoque curiosidad.”
“Hay todo un sector docente instalado en el malestar, cuando no en un estado depresivo, en un trastorno de ansiedad o en el estrés, siquiera sea por la inseguridad laboral en que se encuentran, por la sobrecarga e indefinición de tareas, por la falta de un sistema apropiado de evaluación del profesorado –cada vez más burocrático y deshumanizado–, por el desconcierto ante una legislación que no cuenta con ellos todo lo que debiera, porque se realizan demasiados experimentos pedagógicos, porque algunos padres renuncian a su labor educadora primera y principal, porque algunos escolares conocen sus derechos pero no sus deberes, porque los alumnos nacen y crecen en entornos crecientemente tecnificados muy expuestos a nuevos sabios virtuales que desplazan a los profesores en credibilidad, etcétera”.
















